De la filosofía oriental a la sabiduría de mi abuelo

fuente: http://www.humanite-en-espanol.com/local/cache-vignettes/L300xH400/confucio-91f89.jpgEn los anteriores post he compartido con vosotros algunas de las enseñanzas que la cultura popular me ha regalado, cultura popular encarnada en la figura de mi abuelo, hemos hablado de prioridades, de urgencias, de prevención… Hace unos días descubría un video apasionante del maestro Thich Nhat Hanh que me recordó una vivencia de mi infancia relacionada con el proceso de aprendizaje y con la asunción de riesgos.

Esta es la historia…

Recuerdo muy bien aquella tarde, de finales de verano, porque esa mañana mis abuelos me habían llevado, como manda la tradición, a la romería de la Virgen de Compasco. Desde que comenzaran mis vacaciones escolares, mi abuelo y yo anduvimos en la tarea de construir una casita sobre las ramas de una higuera descomunal que se erguía en la parte de atrás del cobertizo (aquel de los cristales rotos en el que mi abuelo y yo nos refugiábamos para ver llover)

Mi abuelo llevaba el control de las operaciones, pero siempre intentaba que yo comprendiese cada una de las cosas que él hacía (muchas veces después he pensado lo importante que es la paciencia, y el interés por el otro, a la hora de enseñar de forma eficaz). Mi abuelo nunca supo de la existencia de Confucio, al que se le atribuye la frase de “aprender sin reflexionar es malgastar la energía”, pero siempre recuerdo con mucho cariño aquel refrán que me repitió una y mil veces:

Atender y entender para aprender

Siempre que resultaba posible mi abuelo me invitaba, además, a participar de la tarea (lo que muchos ahora conocen como “I do – We do – You do” es algo que descubrí con él hace unas cuantas décadas). Una de las sorpresas que escondía mi abuelo, castellano auténtico, era su admiración por la figura de Benjamin Franklin (en ocasiones se olvidaba de su nombre y se refería a él como “el de las 13 virtudes”), al que intentaba parafrasear en no pocas ocasiones. Recuerdo haberle oído citar aquello de “dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo”, sentencia que casi siempre acababa con un contundente refrán castellano:

Tropezando y cayendo va el niño aprendiendo

Volvamos a nuestra historia de la casita de madera. Estaba intentando clavar, ya sin ninguna ayuda, mi primera alcayata cuando me aticé un buen martillazo en el dedo gordo de la mano izquierda. De forma instintiva solté el martillo, y agarré con todas mi fuerzas el dedo accidentado (con el maestro Zen, Thich Nhat Hanh, he aprendido ahora el significado de esta acción). Mi abuelo reía a carcajadas mientras yo sentía que el corazón había saltado desde el pecho hasta mi dedo gordo; ¿habéis sentido alguna vez esos latidos amplificados en uno de vuestros dedos?

Mi abuelo decía que la clave para no darte un martillazo en un dedo era coger el martillo con las dos manos. Además, todavía entre carcajadas, lo razonaba así:

¿por qué el mango del martillo es tan largo, si no es para que quepan las dos manos?

Toda esta historia sirvió para que mi abuelo me hablase de nuevo de riesgos y prevención (ya os conté la historia de la muerte de su amigo Nemesio). Una vez más me recordó la importancia de aquello de “más vale un  por si acaso… que un si hubiera…”; pero apelando a su sentido práctico concluyó diciendo que a veces las decisiones que tomamos para protegernos de los riesgos hacen muy difícil la realización de la tarea (como sería el caso de agarrar el martillo con ambas manos). Prevenir en este caso está en garantizar que los medios, y la formación para llevar a cabo la tarea, son los adecuados; lo que no evita el que tengamos que asumir un pequeño riesgo. En boca de mi abuelo:

La única ventaja de jugar con fuego es que aprende uno a no quemarse.

Para acabar este post no me gustaría que os perdieseis un magnífico video, sublime diría yo, que define a las claras que la filosofía oriental puede ser un complemento ideal para nuestra sabiduría popular. ¡Lo que hubiese dado yo por escuchar una conversación entre este maestro vietnamita y mi abuelo! (disfruto con solo imaginarlo)…

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13 respuestas a “De la filosofía oriental a la sabiduría de mi abuelo”

  1. Hola Maestro,

    a mi me recuerda este señor a esos carismáticos líderes que destacan por su sencillez, que son ante todo personas y accesibles a cualquiera, que saben escuchar primero y hablar después, que admiten los errores como vía de aprendizaje, que incluso promueven a sus subordinados a tareas que, a sabiendas de que saldrán mal, ven en ellas la mejor vía de aprendizaje, pues cuando algo sale mal nos preguntamos porqué ha salido mal, pero si sale bien, está hecho y pasamos a lo siguiente. Esa clase de lideres son admirables, pues su sabiduría no les lleva a la vanidad, sino que entienden que compartirla es una vía natural de aprendizaje. Disimulan tan bien la jerarquia que construyen verdaderos equipos, bien unidos, bien firmes. Como las dos manos, con diferentes habilidades, que saben trabajar juntas.
    Gracias Antonio

    • Fernando, esto de Maestro me ha llegado…

      La verdad es que comentarios como el tuyo dan sentido a esto de intercambiar experiencias y aprendizajes.

      La definición que haces del leader se asemeja mucho a lo que todos ansiamos con llegar a ser.

      Muchas gracias por todo…

  2. Magnífico Antonio. Muchas gracias

  3. “La única ventaja de jugar con fuego es que aprende uno a no quemarse” muy cierto tanto como que de los errores se aprende más que de los aciertos.

    Creo que es un error no realizar algo por lo que podría pasar, o los riesgos que conlleva. Pero no solo hay que dar unas herramientas y metodología adecuada. Si añadimos una filosofía, “aprender a ver”, solo así se puede llegar a una prevención sostenida.

    Mi padre ha sido autónomo y ha tenido gente a su cargo, no recuerdo la cantidad de veces que al llegar a casa decía: “es que son ciegos, no ven que podía pasar…, sino les digo nada capaz de matarse”. Algo que posteriormente yo mismo he podido comprobar, hay mucha gente que parece haberse convertido en autómatas, incapaces de ver los peligros.

    Creo que este es el verdadero peligro, y lo que hay que evitar, no la operación en sí. Ya que ante un cambio de los procesos (algo que es innato en su existencia como proceso vivo), esa persona esta indefensa.

    La dificultad esta en como ensañar a una persona que la prevención, sin una parte activa por su parte, no funcionara. Al menos no antes de que se haga daño.

    • En un post anterior ya hablábamos de la importancia de la prevención como antídoto contra las urgencias. El problema es cuando algunos pretenden tener todo absolutamente controlado antes de tomar una decisión (a esos es a los que yo llamo los “místicos”). La asunción de riesgos “de forma controlada” forma parte de la salsa de la vida; y además nos permite avanzar

  4. Buen día; gracias por compartir este vídeo.

    Este es el verdadero concepto de hacer equipo. Uno con el otro y el otro con el uno. Juntos, sin rivalidades, sin competitividad, sin ironias, sin pagos o deudas.

    Lamentablemente todavía en la educación que se recibe fuera del entorno escolar o universitario (doméstico me refiero) prima la comparación, la crítica, la desconfianza, el secreto, el trepar.

    Pasarán años aún, hasta que veamos en la total unión de sinergias de los equipos, como algo natural y normal para la evolución profesional y empresarial, porque incluso en las empresas, parece que los departamentos fueran estancos en sus informaciones, cuando el objetivo es conseguir optimizar recursos, costos en pro de concebir o desarrollar o fabricar algo que redunda en toda la organización, para bien o para mal.

    La sabiduría siempre ha estado en las gentes que nos anteceden en la edad y en el recorrido vital. Podemos tener nosecuantos master académicos, pero el pulso vital hace y dice mucho a nuestro concepto real de las cosas.

    Solo nos damos cuenta cuando comenzamos a tener alguna dificultad, fuera del tipo que fuera, apelando a los mayores o a los mejores… ¡No acabamos de aprender!

    En nuestro continente existe todavia la figura del listo que se valora mas que la del inteligente. Así nos va. Los segundos, en cuanto se dan cuenta, actualmente, se van, cruzan el charco. Después cuando los queramos en nuestra organizacíón, serán caros en el mejor de los casos. En el peor… serán nuestros jefes. Entonces, le criticaremos, diremos el porqué y como de la consecución del puesto. ¿Lo ven? Crítica y desconfianza.

    Bueno, que me extiendo, un saludo.

    Vidal.

    • Gracias Vidal por unirte a “nuestras” discusiones (ahora también las “tuyas”)

      La verdad es que todo lo que dices está repleto de SENTIDO COMÚN, por lo que poco más se puede añadir. Por cierto, el sentido común fue el mejor legado (quizá fuese mejor decir regalo) que me dejó mi abuelo.

  5. Merci pour cet excellent post et excellente video….ca nous fait reflechir…et cela nous remet a notre place …

    De temps en temps ca fait du bien :)

    Merci Antonio pour l’initiative

    A bientot

    • Carlos, réfléchir est un verbe que nous devrions conjuguer tous les jours (et si nous le faisons en rappelant l’appris avec nos grands-pères, tant mieux)

  6. Antonio, muchas gracias por compartir esta “Sabiduría” la verdad es que es la verdadera esencia del trabajo bien echo. Entender que el trabajo en equipo suma y nunca resta… hasta cuando el resultado no es el deseado…

    Teorías tales como “Que tu mano Izquierda no sepa lo que hace tu mano Derecha” quedan, evidentemente, desfasadas en la actualidad, donde el ritmo de evolución y avance, hacen que no seamos capaces de conseguir los objetivos de forma individual, por lo que hay que desechar siempre esa idea de “la Información es Poder”

    Yo siempre que asisto a un concierto de música clásica, pienso en la esencia real del trabajo en equipo. Nadie es más importante que nadie en el resultado, pero el que mas dotes o conocimientos tiene los pone al servicio del equipo para obtener un resultado óptimo. Un resultado, que no sería el mismo si faltase un sólo miembro del grupo, y que no sería el mismo si cada miembro del grupo pensase en su lucimiento personal más que en el resultado final.

    Me he enrollado, Disculpas,

    Un abrazo

    Jorge A.

  7. Raúl Pardo Arnaiz Responder 21/12/2011 a las 0:41

    Buenas a todos .

    Enlazando con la idea de SENTIDO COMUN propuesta por Antonio Fernández, en numerosas ocasiones me he preguntado por su verdadera aplicabilidad en las distintas organizaciones y lugares de trabajo en los que he participado.
    Siempre recordare una anécdota vivida en mi servicio militar en Melilla. Los soldados allí destinados éramos enviados periódicamente a realizar “guardias “en distintos lugares de Melilla; Pues bien, un buen día tras la lectura del Orden del Día, se me informa que debo presentarme en el cuerpo de guardia junto con otros 6 compañeros para relevar la patrulla en el Cuartel de Valenzuela, en la misma frontera de la ciudad autónoma con Marruecos.
    En alguna ocasión precedente, se nos había mencionado del lugar y todos sentíamos la aprensión propia del novato frente a lo desconocido.
    Una vez ya embarcados en el Land Rover que nos dirigía al famoso cuartel pudimos contemplar al acercarnos las gigantescas dimensiones del recinto en cuestión, no menos de 3 o 4 hectáreas de elevados muros circundados por alambre de espino.
    Pero cual mi fue grandiosa sorpresa cuando tras rebasar la robusta puerta que lo protegía, surge una visión absolutamente surrealista. En el interior no había absolutamente nada ¡¡¡. Mi mirada ojiplatica instantáneamente me llevo a pensar qué leches íbamos a proteger en semejante lugar las siguientes 24 horas, llegando en algún momento a pensar que se trataba de una cámara oculta o de una secuencia de una película de Berlanga.
    Llegados de nuevo al cuartel tras la peripecia relatada, corrí a mi puesto en la oficina para contar a mi Brigada la experiencia vivida.
    “Mi Brigada, -le pregunte con tono de ofuscación y cierto reproche – ¿tiene sentido hacer guardia en un lugar totalmente vacío ? ”.
    A lo que el Brigada me contesta con voz de resignación:
    “Pardo, el sentido común es el menos común de todos los sentidos.”
    Recordare para siempre la frase que ejemplifica perfectamente las enormes contradicciones que pueden existir dentro de una organización.
    El saber popular es resultado de un largo proceso de prueba – error que ha acabado cristalizándose en verdades universales, seguramente el maestro vietnamita y el abuelo se hubieran entendido a la primera a pesar de hablar lenguas muy diferentes, pero me pregunto si esos saberes tan validos les hubieran permitido dirigir alguna organización hoy en día.

    • ¡Cuántas veces más tendremos que seguir apelando al sentido común! (que como bien dices es el menos común de los sentidos)

      Raúl, me ha hecho ilusión tu comentario pues hacía mucho tiempo que no oía una de estas historias de la mili (la verdad que es algo que está cayendo en desuso).

      En cuanto a tu pregunta final sobre si el saber popular (sentido común al fin y al cabo) permite dirigir las Organizaciones de hoy en día, mi respuesta es un sí rotundo (considero que esto es una condición necesaria, aunque no suficiente, para alcanzar el éxito)

      …y tú, ¿qué opinas al respecto?

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