Si es gratis, dame dos

Desde hace años se están llevando a cabo acciones en distintos países para disminuir el consumo de bolsas de plástico de un sólo uso. En Italia y Francia, se ha prohibido el uso y solamente se permite el de las biodegradables. En otros países, como Irlanda o China, se ha optado por cobrar por su uso.

En España, a raíz de la publicación del Plan Nacional de Residuos de 2008-2015, en el que se pretendía disminuir el uso de bolsas de plástico de un sólo uso en un 50% y eliminar progresivamente su utilización en favor de las biodegradables a partir del 2010, algunos supermercados empezaron a cobrar las bolsas de un sólo uso y de forma generalizada a partir de esa fecha en todos los grandes establecimientos se ofertaba la venta de bolsas biodegradables y reutilizables.

Somos el primer fabricante de bolsas de plástico y el tercer consumidor europeo. Cada español consume, nada más y nada menos, una media de 238 bolsas al año. Como os podéis imaginar el objetivo marcado para el 2010 por el plan no se consiguió. Es más, en la actualidad hay supermercados que han reculado y han dejado de cobrar por las bolsas o han reducido el coste de éstas, ante las quejas de los consumidores.

Uno de los problemas por lo que no se ha cumplido el objetivo fijado ha sido la falta de compromiso por parte de todos los establecimientos a la hora de cobrar las bolsas de plástico. Es decir si una parte de ellos no cobran por el uso de bolsas, los argumentos ecológicos de la iniciativa se tornan en económicos para el consumidor, ya que se percibe que el supermercado que está cobrando lo hace para ahorrar costes.

A veces tengo la sensación de que cuando voy al supermercado estoy como en una de esas ferias en las que la gente llega a casa cargada con un montón de cosas inútiles y que posiblemente nunca utilizarán y que únicamente han cogido porque eran gratis. Y es que la mentalidad de gran parte de la sociedad es esta:

si es gratis, dame dos y si puedes, dame tres.

El problema es que esta práctica se repite cada vez que se va a hacer la compra y la mayor parte de esas bolsas adquiridas no son depositadas en el contenedor amarillo para su posterior reciclaje.

Yo me pregunto donde quedaron el carrito de la compra y las bolsas de tela que nuestras madres (no digo nuestras abuelas) utilizaban para ir al mercado. Esto pone de claro manifiesto el cambio de concepción a la hora de consumir productos que venimos experimentando en las últimas décadas, en las que prima “el usar y tirar”.

Según el anteproyecto de la ley de residuos, aprobado el 7 de marzo de 2011, la estrategia a seguir es la prohibición progresiva del uso de bolsas de plástico de un sólo uso pero no el cobro de estas. Entre otras de las medidas las bolsas deberán incluir a partir de enero 2015 mensajes sobre el daño que provocan y para el 2018 se prohibirán el uso de “bolsas de un sólo uso”.

¿Realmente se conseguirán los objetivos que pretende alcanzar este anteproyecto?

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